Empoderadas

Irene Morales Galaz: Ícono de las mujeres en la Guerra del Pacífico

Por Francisco Darmendrail, Socio Honorario del Instituto José Miguel Carrera

Irene Morales Galaz es posible que sea la cantinera más conocida que participó en la Guerra del Pacífico, que se desarrolló entre 1879 a 1883 entre Chile, Perú y Bolivia. Alguna calle o lugar de nuestro país recuerda su nombre, que no sólo representa a su persona, sino que también a las mujeres chilenas que participaron en el conflicto.

Nació en el popular barrio La Chimba de Santiago, siendo la única hija de una pareja de obreros, Ventura y Marta. Tras el fallecimiento de su padre, Irene y su madre se trasladaron a Valparaíso, con el fin de trabajar como costureras. La muerte de su madre años después la sumió en una depresión, sumada a su viudez, dejándola huérfana y sólo con su máquina de coser. Así entonces viajó al entonces puerto boliviano de Antofagasta, con el fin de probar suerte en los negocios. Cabe señalar que, si bien Antofagasta en el mapa era de Bolivia, lo habitaba un número considerable de chilenos(as).

Irene se instaló con un negocio de abarrotes y conoció al músico Santiago Pizarro, por lo que al poco tiempo contrajeron matrimonio. Empero la tragedia al parecer era su sombra, puesto que su marido, luego de haber matado a un soldado boliviano en una pelea en estado de ebriedad, fue condenado y fusilado. Tras el hecho, Irene se juró a sí misma vengar la muerte de Santiago a como diera lugar.

Así se enlistó en las fuerzas chilenas que participarían en la campaña de la Guerra del Pacífico. Los combates de Pisagua, Dolores, Arica, Chorrillos y Miraflores serían testigos de sus acciones de heroísmo, impidiendo también que sus compañeros abusaran de las mujeres peruanas capturadas. El comandante en jefe del Ejército de Chile, general Manuel Baquedano, supo de sus acciones y la  la autorizó oficialmente para vestir el uniforme chileno, otorgándole el grado de sargento e integrándola a la Cuarta División.

Una vez finalizado el conflicto, Irene regresó a Santiago con sólo una pensión de quince pesos mensuales como veterana de guerra. Falleció en el más completo olvido en una cama del Hospital San Borja.

El coronel del Ejército, Enrique Phillips, efectuó el primer reconocimiento público a su figura, afirmando, en un editorial de El Mercurio, que, si bien muchas mujeres han querido ser soldados, “ninguna superó en valor a Irene Morales, el tipo de la mujer chilena”. La presente columna es un humilde homenaje a todas las mujeres chilenas, peruanas y bolivianas, que dieron su vida en la Guerra del Pacífico. Ellas no pueden quedar en el olvido colectivo.

Paloma Castillo

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