Empoderadas

Gota a gota: El aporte de la Fundación Un Alto en el Desierto para fortalecer la educación ambiental en el norte de Chile

Conversamos con la directora del proyecto, Natalia Rebolledo, quien destacó la evolución de esta iniciativa, el trabajo junto al sector escolar y el rol de las mujeres en la gestión de recursos hídricos.

15 años de intenso trabajo por fomentar la educación ambiental, combatir la escasez hídrica y el cambio climático es lo que lleva sobre sus hombros “Un Alto en el Desierto”. La fundación es dirigida por Natalia Rebolledo, quien junto a su equipo ha desarrollado diversas estrategias para entregar soluciones adaptadas al territorio y hacer partícipes al sector escolar de los cambios necesarios para forjar un presente y futuro mejor.

Por el año 2005 en la región de Coquimbo, el geógrafo Nicolás Schneider y el dirigente social Daniel Rojas se unieron para realizar proyectos medioambientales. En una de sus visitas a la Reserva Ecológica Cerro Grande junto a estudiantes, profesores y vecinos, sellaron un compromiso para resguardar y proteger esta área, lo que, de ahí en adelante, sería solo el puntapié inicial para generar diversas acciones como la instalación de un programa de educación hídrico ambiental en las comunidades escolares de la región, el apoyo a comunidades en proyectos sociales,  además del  reciclaje de agua de lluvia, el desarrollo de sistemas de atrapanieblas y  reutilización de aguas grises. Pero esto no es todo. A lo largo de su historia, la fundación ha podido ahorrar lo equivalente a 100 camiones aljibe al año, sólo con 15 establecimientos (en especial en escuelas rurales de la región, que presentan carencia de agua potable y vulnerabilidad mayor al 80%). Del mismo modo que han beneficiado a más de 7 mil personas y alcanzado 20 mil de forma indirecta.

Evolución del proyecto

“Partimos de una forma muy artesanal en las escuelas reciclando agua. Luego pudimos hacer convenios y alianzas que nos permitieron seguir creciendo y también participar de la Ley de reutilización de aguas grises. Esta ley se discutió entre 2016 y salió a la luz en el año 2018, sin embargo, hoy día no existe un reglamento todavía formalizado para que pueda operar” planteó Natalia Rebolledo.

Si bien ser agentes de cambio es un proceso a largo plazo que puede involucrar una serie de desafíos, para la entidad, los frutos y resultados no han tardado en llegar. Una de las grandes ventajas a ojos de la directora es que la temática medioambiental y la búsqueda por el buen uso del agua, se ha convertido en una prioridad para los niños, jóvenes y las comunidades.

“Siempre se nos dice que los niños son el futuro y que es tarea de ellos mejorar todo el tema ambiental. Sin embargo, nosotros creemos fuertemente que los niños son el presente y que es nuestra tarea entregarles herramientas, porque desde la escuela todavía se enseña un ciclo del agua más obsoleto que no incluye el cambio climático” sostiene Rebolledo. Para ella, el enfoque debe estar en lograr una formación hídrico ciudadana y potenciar en los niños experiencias significativas tempranas en torno al cuidado del agua.

Reinventándose en tiempos de pandemia

Es por ello, que pese a la pandemia la Fundación no ha querido dejar atrás completamente sus proyectos. Uno de ellos es el Parque Atrapa Niebla de la Reserva Ecológica Cerro Grande, donde se repararon las instalaciones y se trabajó en la reforestación del lugar pensando en su apertura a futuro y en potenciar la educación ambiental desde ese punto. Paralelamente otro de los cambios que surgieron producto de la crisis sanitaria fue la forma de ejecutar el reciclaje de agua. Inicialmente esta labor se concentraba principalmente en las escuelas, sin embargo, hoy es en los hogares donde se está desarrollando la actividad de la mano de las familias, debido a la falta de funcionamiento de los establecimientos educacionales.

“Otro proyecto que tenemos vigente y que nos acabamos de adjudicar en conjunto con la Fundación Newenko, el emprendimiento Yaku biofiltro y el Liceo Politécnico de Ovalle es la creación de una academia de innovación hídrico ambiental, donde vamos a hacer unos prototipos para medir la calidad del agua reciclada y vamos a hacer un juego de mesa para la educación hídrica y la ciudadanía”. Acotó la directora.

El rol de las mujeres en el cuidado del agua

A lo largo de su historia Un Alto en el Desierto ha recibido diversos reconocimientos como el premio Jóvenes líderes (2013, 2015), el primer lugar en el Congreso Regional de Ciencia Explora (2019), entre tantos otros, sin embargo uno de los últimos cayó en manos precisamente de  su directora Natalia Rebolledo, quien fue destacada por Mujer Impacta por el aporte que ha realizado a la sociedad a través de esta iniciativa y que da luces no sólo de su gestión, sino del importante rol de las mujeres en la gestión de los recursos hídricos. Sin ir más lejos uno de los últimos proyectos que están impulsado en la fundación es la red de mujeres recicladoras de agua.

“Las mujeres a nivel mundial tienen un rol súper preponderante en el tema del agua. Son quienes la gestionan sobre todo a nivel doméstico. En lugares como África son ellas las que se encargan de acarrearla y aquí en Chile nosotros vemos que la gran mayoría de las mujeres se preocupan de su gestión para cocinar y también a nivel organizacional, con el tema de la distribución de camiones aljibes o en los comités de vivienda” sostuvo Rebolledo, quien dejó planteado el desafío de seguir impulsando el reciclaje de agua, no sólo pensando en ello como un proyecto, sino como hábito que debe ser adoptado como sociedad para combatir el problema de la escasez hídrica.

Paloma Castillo

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