Empoderadas

Estamos decididas a compartir todos los espacios

Por Tatiana Camps Reyes, Consultora en transformación organizacional y liderazgo femenino. Autora de Liderar desde lo femenino.

He escuchado incomodidad en algunas organizaciones que están trabajando en equidad de género debido a las oportunidades que se les están dando a las mujeres y que algunos consideran en desmedro de los hombres. Puedo entender la sensación, aunque no comparto la opinión. Tal vez esta historia real aporte algo de entendimiento.

La 1ra generación de mujeres médicas en Inglaterra tuvieron que crear una universidad para que la 2da generación pudiera estudiar porque los hombres prohibieron el ingreso de mujeres a medicina. Luego tuvieron que construir hospitales para que las mujeres médicas pudieran ejercer porque no eran admitidas en los hospitales. También les prohibieron inscribirse en el registro de médicos.

Varias de las mujeres de la segunda generación de médicas en Inglaterra eran sufragette, el ala más radical de las sufragistas. Puedo entender la rabia y la frustración que sentían. Dos de estas médicas sufragette, Louisa Garret Anderson, hija de Elizabeth Garret la 1ra mujer médica en Inglaterra, y Flora Murray hicieron de la 1ra guerra mundial una oportunidad para las mujeres en medicina.

Como Louisa y Flora eran perseguidas por la justicia inglesa, se fueron a París y se ofrecieron como voluntarias como cirujas de guerra instalando el mejor Hospital de Guerra de Francia. El reconocimiento a su trabajo fue tan importante que el ejercito británico les abrió un hospital en Londres, en la calle Endell, con 572 camas. Solo trabajaban mujeres en ese hospital, desde las camilleras hasta las cirujanas. Por sus buenos resultados logró el reconocimiento de todos los sectores de la sociedad durante los 4 años que funcionó y atendió a 26.000 heridos.

Sin embargo, cuando la 2da guerra terminó los hombres exigieron recuperar sus lugares de trabajo. El hospital cerró y todo el personal, que trabajaban ahí fueron obligadas a volver a su situación pre-guerra. Ocurrió lo mismo en las fabricas, en los bancos, en el transporte publico, en las granjas y en todos los espacios que las mujeres estaban ocupando.

Las universidades volvieron a cerrar las puertas a las mujeres y la discriminación se mantuvo, flexibilizándose un poco recién con la 2da guerra mundial. Solo con la ley de no discriminación de 1975 las instituciones de educación superior se vieron obligadas a recibir estudiantes mujeres.

Creo que la historia que nos narra Wendy Moore en este libro muestra que históricamente la participación de las mujeres en los espacios públicos no ha ocurrido naturalmente, se ha sido necesaria la decisión y la determinación de incluirlas. Las mujeres no estamos quitándoles sus espacios a los hombres, solo estamos decididas a compartir el espacio público y privado de manera equitativa.

Paloma Castillo

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