Empoderadas

Turismo espacial: innovación tecnológica y su costo ambiental

Por Katherine Henríquez Brocal, Licenciada en Astronomía y Magíster en Astronomía, Universidad de Concepción.

Poco ha pasado desde que Richard Branson voló en su nave Virgin Galactic a más de 80 kilómetros de altura, cumpliendo el sueño de muchos de observar la superficie terrestre. Jeff Bezos le sigue, superando el límite de Karman (más de 100 kilómetros), lo que considera la Federación Aeronáutica Internacional cómo un viaje espacial. El Falcon 9 de Elon Musk logra llegar a la órbita baja del planeta, unos 200 kilómetros por sobre el nivel del mar. Todos estos multimillonarios buscan lo mismo, hacer del viaje espacial un negocio lucrativo.

El lanzamiento de un cohete al espacio puede llegar a los 500 millones de dólares, es por esto que se intenta reducir su costo con la reutilización de sus partes. El valor de un viaje espacial como turista y que te permita experimentar la ingravidez bordea los 300.000 dólares. Algunos dirán que es un gran gasto de dinero en medio de una pandemia, sin embargo, hay que recordar que el avance y desarrollo de nuevas tecnologías trae consigo nuevas investigaciones/descubrimientos y una variada oferta laboral. Con toda seguridad puedo decirte que alguna vez usaste algún artículo que desarrolló la NASA como: zapatillas deportivas, auriculares inalámbricos o leche en polvo para bebés.

El aumento desmedido de los viajes espaciales podría tener un impacto en la capa de ozono. Dependiendo de la zona en la que la astronave trabaje, la liberación de sustancias químicas a la atmósfera puede ser más o menos perjudicial; sustancias como el óxido de nitrógeno convierte al O3  en oxígeno lo que destruye nuestra principal fuente de protección contra los rayos ultravioleta. Además, en un solo viaje espacial, se puede liberar más del doble de dióxido de carbono (CO2), aproximadamente 4.5 toneladas, del que se liberaría anualmente por persona; mucho más del recomendado según el acuerdo de París. Considerando que una de estas naves lleva aproximadamente a 6 personas y los vuelos comerciales a decenas de éstas, el CO2  emitido es bastante, pero insignificante si consideramos que solo en el 2018 se concretaron 38 millones de vuelos comerciales frente a los 114 vuelos espaciales, el primero liberando 918 millones de toneladas de CO2 y el segundo 22.780 toneladas.

El desarrollo tecnológico, tanto de los transbordadores y cohetes, como las ganas de explorar otros planetas, son imparables. Confío en que se puede hacer desarrollo sustentable como lo han demostrado algunas personas ingeniosas; pero como lo indican las cifras, es muy temprano como para preocuparse de esto aún. Los vuelos comerciales contaminan mucho más.

La preocupación no es sólo monetaria. Es un hecho de que existen personas que pueden financiar los vuelos espaciales turísticos y que, al igual que gran parte de la población, no están dispuestas a regalar su dinero a las personas afectadas por la pandemia (tristemente). Detrás de todo el desarrollo espacial se seguirán abriendo puertas para el mercado laboral ofreciendo oportunidades y soluciones económicas a la sociedad. Por el momento no tenemos otro planeta, debemos cuidar el nuestro y estar conscientes del impacto ambiental de los viajes espaciales en el futuro si logran masificarse, sin embargo, su continuidad hoy, no trae consecuencias desventajosas comparada con los vuelos convencionales.

Paloma Castillo

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