Empoderadas medio

Estudiar también es una forma de legitimar nuestra voz

Por Paula Cifuentes Torres . Periodista, fundadora de Empoderadas y estudiante de Doctorado en Historia.

Antes de comenzar el doctorado me sentí expuesta. Tuve miedo. No el miedo romántico del “nuevo desafío”, sino uno más profundo, más incómodo. El que aparece cuando llevas años construyendo una trayectoria y te preguntas si hacer un giro, o agregar un nuevo peldaño, podría tambalear lo que ya lograste.

¿Seré capaz? ¿Tendré el tiempo? ¿Tendrá sentido? Y como tantas veces en la vida de las mujeres, me hice preguntas que no tienen que ver solo con lo intelectual, sino con la culpa, con el tiempo, con el cuerpo cansado, con los hijos, con la autoexigencia de hacerlo todo bien. Pero igual dije que sí.

El peso simbólico de volver a estudiar

Este primer semestre del doctorado en Historia no ha sido solo una etapa académica. Ha sido una experiencia transformadora. Me ha permitido mirar con más profundidad el trabajo que vengo desarrollando hace años desde Empoderadas, y entender que profesionalizar ese camino no lo aleja de su sentido original: lo fortalece.

Estudiar me está dando lenguaje, rigor y contexto para nombrar procesos que muchas veces solo había vivido desde la intuición o la urgencia de la acción comunicacional. Revisar cómo se ha narrado la historia de Chile —y cómo las mujeres han sido representadas— no es solo una tesis o un tema académico. Es un espejo, uno que me obliga a preguntarme qué relato he construido sobre mí y desde dónde lo quiero contar a partir de ahora.

El miedo no se va, pero se comparte

Hubo semanas difíciles. Días en que todo colapsaba: las tareas, los viajes, los hijos, las clases, los plazos. Y si seguí adelante no fue solo por disciplina. Fue porque tuve amigas que me sostuvieron, que me recordaron quién soy, que me dijeron “sí puedes” cuando mi propia voz se llenaba de duda.

No hay voz empoderada que no esté tejida por otras voces. No hay posicionamiento profesional que no haya sido sostenido alguna vez por una mano amiga, una conversación, una red.

Hoy miro el camino con más claridad. Entiendo que mi rol como periodista, comunicadora y ahora también investigadora es contribuir a abrir espacio para que otras mujeres también puedan contar su historia con legitimidad, con sentido, con propósito

Si algo me ha enseñado este proceso, es que todas tenemos una historia valiosa que merece ser contada. Pero para hacerlo, necesitamos herramientas, espacios y tiempo. Es dejar de pedir permiso cuando lo que tenemos que hacer es tomar la palabra.

Cierro con una certeza

Estudiar ha sido cansador, sí. Pero también ha sido reparador. No porque me vuelva “más válida”, sino porque me conecta con la raíz de todo lo que hago: comunicar para transformar. Nombrar para existir.

Construir conocimiento desde donde históricamente se nos dijo que no era válido: desde la experiencia, desde lo íntimo, desde lo femenino.

Gracias a quienes me han apoyado, leído, sostenido.

Esto recién comienza.

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