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“Siempre hay tiempo para renacer”: Catalina Cabrera y su lucha por erradicar la violencia desde la defensa personal

Catalina Cabrera Maldonado lleva más de 40 años vinculada al mundo de las artes marciales, pero su legado trasciende los tatamis. Desde Arica, ha convertido su historia personal de resiliencia en una iniciativa de formación, acompañamiento y empoderamiento para miles de mujeres. A través de talleres de defensa personal, liderazgo comunitario y un trabajo territorial constante, se ha transformado en un referente en la lucha contra la violencia de género en el norte de Chile.

Catalina abrazó las artes marciales cuando tenía solo 11 años. Aunque ya conocía la disciplina por tradición familiar, su verdadera motivación surgió de una vivencia personal. “Un día dije: voy a enfrentar la vida y voy a tomar las artes marciales como una reconstrucción. Era una niña que no entendía nada de lo que pasaba ni de lo que había vivido. Entonces floreció el deseo de demostrarme a mí misma y al entorno que podía salir adelante”, relató.

Años más tarde, Catalina se vería atrapada en una relación violenta. Fue entonces cuando tomó una de las decisiones más difíciles y transformadoras de su vida: dejar el hogar junto a sus hijos y empezar de nuevo.

“Me miré al espejo y dije: ‘Yo no quiero que esta historia se repita en mi vida. No quiero esto para mis hijos, no quiero que vivan en un entorno de agresión’. Los tomé y me fui. En ese momento no tenía a quién recurrir, y la tecnología no era como la de hoy. Empecé a comprender que faltaba mucho por hacer, mucho por trabajar, y que ni siquiera teníamos un lugar al que llegar: no existían casas de acogida, no había nada. Viví la violencia en todo el sentido de la palabra, lamentablemente. Pero también me sirvió para experimentar de primera mano las falencias y necesidades que enfrentamos las mujeres”, recordó.

Una mujer que impacta

Esa experiencia marcó su vocación y la llevó a convertirse en trabajadora social, mediadora familiar, perito social y a alcanzar el 7° Dan en artes marciales.

En todos estos años, Catalina ha capacitado a más de un millón de mujeres en defensa personal y prevención de violencia, a través de talleres, seminarios y voluntariados. Su motor es claro: guiar a otras y contribuir a reinsertar a la mujer en una sociedad más justa. En 2014 fundó la agrupación “Mujeres Una Sola Voz” en Arica, y más tarde, una cooperativa del mismo nombre junto a la organización rural Apachi Aqarapi. Desde ahí ha impulsado proyectos de equidad de género, sustentabilidad y recuperación territorial para comunidades sin acceso a servicios básicos.

“Vimos la necesidad de empoderar a mujeres en zonas rurales donde no hay agua potable, alcantarillado ni luz. Les enseñamos a purificar agua, compostar, crear huertos, transformar su entorno. Y hoy en día, estamos ad portas de inaugurar nuestra biblioteca rural, donde se entregan capacitaciones a centenares de mujeres, niños y niñas.”

Este camino la llevó a ser reconocida en 2018 con el premio “Mujer Impacta”, por su liderazgo y compromiso con las comunidades. Un reconocimiento que, según declara, le permitió dimensionar el verdadero alcance de su labor.

Otras aristas de su lucha

Además de su trabajo comunitario, Catalina ha alzado la voz sobre la necesidad de regular la enseñanza de defensa personal. Critica que muchos instructores operen sin acreditación ni ética, lo que pone en riesgo a quienes buscan aprender.

“En mi caso, soy profesional de las artes marciales, pero también maestra de defensa personal. Para eso se necesita acreditación, exámenes médicos, psicológicos, una trayectoria, etc. Por eso creo que es importante que las personas pidan el currículum del instructor y exijan transparencia. No se trata solo de ver medallas y trofeos: hay que preguntarse quién es la persona que está frente a ti. ¿Está enseñando a tus hijos a ser violentos, a ser pasivos o a saber reaccionar? Yo por ejemplo enseño a reaccionar”, explicó Cabrera.

Desde esa perspectiva , hoy a sus 53 años, Catalina continúa liderando seminarios gratuitos cada tres meses en Arica y otras regiones, incluso en Perú. La cifra de mujeres formadas por ella supera el millón y medio solo en espacios voluntarios. En paralelo, también colabora con instituciones y empresas, siempre con la misma convicción: erradicar la violencia desde el conocimiento, la práctica y la comunidad.

“Siempre hay tiempo. No importa si llevas 20, 30 o 40 años con una persona. Siempre hay tiempo para renacer, para educarte, para darle una vida mejor a tus hijos/as y a ti misma. Siempre hay tiempo para renacer, mirarnos al espejo y dar gracias a Dios que estamos en pie y que tenemos la oportunidad de salir de nuestras barreras. Cada uno vive su procesos a su ritmo, pero en ese ritmo, siempre hay tiempo para ser feliz”, concluyó Catalina Cabrera.

Las personas interesadas en conocer más sobre su trabajo y próximas iniciativas pueden seguir su página de Facebook Catalina Cabrera Maldonado.

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