Empoderadas medio

Cuando la mente no descansa

Por Macarena Silva Catalán, coach y mentora en empoderamiento femenino.

¿Te pasa que hay días en los que, aunque te sientes un ratito en el sillón, tu cabeza sigue corriendo como si estuviera en una maratón?

Yo a eso le llamo carga mental, y créeme, pesa más que cualquier bolso lleno de compras del supermercado. Es ese estar pendiente de TODO al mismo tiempo: el trabajo, el emprendimiento, los hijos, la casa, la comida, las cuentas, las reuniones, el colegio, el perro, la planta que se está muriendo, y, de paso, acordarte del cumpleaños de la tía que vive lejos. Y mientras haces todo eso, tu mente ya está pensando en lo que viene después. Lo peor es que ni siquiera paramos a decir: “Estoy cansada”, como que tenemos esa creencia de que ser mujer significa poder con todo, siempre, sin despeinarnos, y, si no lo logramos, nos sentimos mal.

Pero te lo digo de corazón: no tienes que poder con todo, no eres un robot, eres humana. Y este cansancio no se quita con dormir una noche entera (aunque ayudaría bastante); es más profundo: es cuando tu cuerpo está sentado, pero tu mente sigue en reunión, sigue en la lista de pendientes, sigue recordando que tienes que mandar ese mail urgente… y así todo el día. Ese desgaste no avisa, se acumula, y, cuando menos lo esperas, explota: en forma de mal humor, de ganas de no hacer nada, de andar irritable o de sentir que todo te da lo mismo.

A nosotras, las que somos profesionales, emprendedoras, mamás, dueñas de casa (y, a veces, todo eso junto), nos metieron en la cabeza que la mujer “exitosa” es la que lo hace todo y lo hace perfecto. Pero ¿sabes qué? Eso no es éxito, es autoexigencia disfrazada, y nos pasa la cuenta porque nos cobra en paz mental. No tenemos que estar disponibles 24/7 para todo el mundo mientras nos dejamos para el final. Si lo seguimos haciendo, terminamos vacías y sintiendo que la vida es una carrera que nunca se detiene.

Para… aunque sea un ratito. Y esto es lo que más nos cuesta: parar. Y no hablo de irnos dos semanas al Caribe (aunque no sería malo, jajaja). Hablo de esos micro-momentos que sí caben en nuestra rutina.

Tomarse un café rico en la mañana, sin mirar el celular; darse una ducha con calma, sintiendo el agua caer; salir a caminar diez minutos sola; escuchar esa canción que nos encanta y cantarla a todo pulmón. Son pausas pequeñas, pero, créeme… rescatan. Son las que nos ayudan a no llegar al punto de quiebre.

Te voy a decir algo que me costó años entender: priorizar no es egoísmo, es amor propio. Si tú no estás bien, todo lo demás se resiente. Y, para estar bien, hay que aprender a decidir qué es realmente importante hoy y qué puede esperar hasta mañana.

Muchas de esas cosas que creemos urgentes no lo son. Somos nosotras las que nos ponemos la vara tan alta que ni siquiera podemos alcanzarla. Entre nosotras, tenemos que normalizar decir: “Hoy no puedo con todo”. Pedir ayuda no nos hace menos capaces, bajar el ritmo no nos hace menos valiosas. Cuando una baja la exigencia, las demás también se atreven, y ahí empieza la magia: empezamos a vivir más livianas, más reales, más felices.

Y te lo recuerdo, por si lo olvidaste: no eres menos mujer por descansar, no eres floja por dejar algo para mañana, no eres egoísta por ponerte a ti primero. Parar no es rendirse, es cuidarte para poder seguir. Así que hoy, antes de seguir corriendo, regálate un momento para ti, respira profundo, cierra los ojos y recuerda: tú también eres tu prioridad. Y, si no sabes por dónde empezar, escríbeme; estaré feliz de conversar contigo y acompañarte en este proceso.

Con Cariño,

Maca

@macamujerinnova

*Las publicaciones en esta sección son responsabilidad de sus autores/as, quienes no tienen vínculo laboral con Empoderadas, y no reflejan necesariamente nuestra postura como medio de comunicación.

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