Por Claudia Cadenas, periodista y colaboradora de la sección Empoderadas en Tinta.
Una novela histórica que nos transporta a la sangrienta guerra civil que desgarró el tejido social de Chile en 1891. En este relato, Isabel Allende, con su prosa evocadora y detallista, nos ofrece una mirada distinta: la de Emilia, quien llega a este caos político como corresponsal de guerra y enfrenta el desafío de ejercer su profesión en una época en que la voz femenina apenas era escuchada.
La historia, sin embargo, inicia en California, un lugar que, en tiempos de la fiebre del oro, no solo prometía riquezas deslumbrantes, sino que también se convirtió en un crisol de culturas diversas. Allí conocemos a la madre de Emilia y, en ese contexto de encuentros culturales y desafíos personales, comprendemos que esta narrativa está profundamente entrelazada con herencias emocionales transmitidas a lo largo del tiempo, con lazos antiguos desvanecidos en el olvido y con caminos que se bifurcan hacia destinos inesperados.
Cada elección de Emilia se despliega como un abanico de posibilidades, especialmente cuando se embarca en una misión a Chile, enfrentándose a los horrores crudos y desoladores de la guerra civil, pero también encontrando una parte de sus raíces que hasta entonces era apenas un rumor. En este escenario, lo político y lo íntimo se entrelazan de manera intrincada en una novela que invita a la reflexión profunda.
Pero no solo Emilia cautiva en esta historia. Entre el humo de la pólvora y el estruendo de los cañones, aparecen las cantineras: mujeres de rostros curtidos por el sol y manos encallecidas. Estas heroínas anónimas, ignoradas por los libros oficiales, no solo preparaban caldos humeantes en ollas ennegrecidas, sino que también vendaban heridas sangrantes, susurraban palabras de aliento a los temerosos y, a veces, recogían las últimas confesiones de los moribundos.
Isabel Allende rescata esas voces silenciadas, transformando cada párrafo en un altar literario donde arden, como velas, los recuerdos de aquellas que, con hilos invisibles, tejieron el tapiz de nuestra memoria colectiva.
Este libro nos recuerda que la historia verdadera no solo surge del estruendo de las batallas, sino también de los susurros de quienes, con pequeños actos de valentía cotidiana, sembraron semillas que hoy florecen en el alma de sus descendientes.
La pluma de Allende construye un relato que se extiende más allá de los límites de esta breve reseña. Les invito a perderse entre sus páginas, a descubrir por ustedes mismos esos instantes en los que el corazón se detiene ante una declaración de amor o esas frases que, como pequeñas joyas literarias, permanecen con nosotros mucho después de haber cerrado el libro.
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