Por Ruth Espinosa, Decana interina de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales UNAB.
Las Fiestas Patrias, como todo rito, nos confrontan con la pregunta por la identidad nacional. La vida colectiva, lejos de ser estática, se define por un horizonte flexible y las posibilidades siempre abiertas del pensar. Ahora que los símbolos y los ritos de las fiestas patrias nos conectan con la historia de la república y sus próceres, me pregunto: ¿cuáles son las próceres que deberíamos recordar?
El movimiento de mujeres de la primera mitad del siglo XX emerge desde la distancia del tiempo presente como un enjambre laborioso que transformó para siempre a la joven república de Chile. Imaginar las primeras décadas del siglo pasado. Así, las pioneras de comienzos de siglo tocaron diferentes capas de la trama de la sociedad de entonces, penetrando en lo político, en lo social, en lo moral o lo intelectual.
Un caso paradigmático es Amanda Labarca, quien supo poner el problema de la educación femenina no solo en la dimensión del género, sino también en la de la desigualdad en general, y como tal, contribuyó a poner en movimiento un cambio en la educación chilena.
A partir de esta prolífica labor, Labarca se convirtió en 1922 en la primera mujer en ocupar una cátedra universitaria en Latinoamérica. Desde allí, volcó sus esfuerzos a dar forma a una educación centrada en la formación de ciudadanos como único cimiento firme para la vida republicana y la democracia.
Si bien, fueron muchas las mujeres contribuyeron a la configuración de nuestro actual marco de sentido como mujeres y ciudadanas, Amanda Labarca pareció ver en ello un verdadero imperativo moral. Mantener vivo el legado de estas próceres intelectuales, es también una manera de construir identidad.
*Las publicaciones en esta sección son responsabilidad de sus autores/as, quienes no tienen vínculo laboral con Empoderadas, y no reflejan necesariamente nuestra postura como medio de comunicación
