Por Claudia Cadenas, periodista y colaboradora de la sección Empoderadas en Tinta.
Hay historias que parten con una misión clara como un mapa estelar, pero terminan desviándose en el recorrido como cometas errantes, dejando tras de sí una estela luminosa que abraza con calidez a quienes le acompañaron en su trayecto.
En el libro El Despegue de Agustín encontramos esa aventura cósmica en un relato tierno y esperanzador sobre uno de los tantos niños estrellas que orbitan silenciosamente en nuestra existencia terrenal, pequeños seres de luz que no pudieron quedarse en nuestro mundo tangible pero que, desde el firmamento de los recuerdos, nos enseñan a amar más allá de las fronteras visibles, en dimensiones donde el tiempo se curva y el amor perdura infinito.
A través de una historia sencilla y luminosa, Paola Cofré Arancibia, nos invita a transformar el dolor en amor y la ausencia en memoria. En este relato, Agustín sueña con surcar el cosmos como astronauta para viajar al mundo de las familias. Desde su rincón estelar, este pequeño espíritu inquieto ilumina con su risa a todo ser que cruza su órbita, mientras persigue con determinación infantil su anhelo más profundo: abandonar su naturaleza celestial para convertirse en un niño de verdad.
Este libro nos guía como un faro de luz por el difícil recorrido de un duelo perinatal, iluminando cada rincón sombrío de ese laberinto. Ya que no sólo se llora la pérdida física de un niño o niña, sino también los susurros de canciones de cuna jamás cantadas, los deditos que nunca se aferrarán a los nuestros, y los primeros pasos que quedarán eternamente suspendidos en la imaginación. A diferencia de otras pérdidas, estos casos suelen quedar atrapados en un silencio social incómodo, como si fueran estrellas fugaces que nadie alcanzó a ver, negándoles el reconocimiento que merecen como verdaderos duelos.
Por ello la importancia vital de libros como éste, que transforman el vacío en constelaciones de palabras e imágenes luminosas, dando forma y presencia a un dolor que la sociedad suele relegar a las sombras, permitiendo que estas pérdidas invisibles finalmente encuentren su lugar en el firmamento de las experiencias humanas reconocidas y honradas.
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