Empoderadas medio

Más que un rol: el arte de volver a mirarnos como mujeres integrales

Por Macarena Silva Catalán, coach, mentora y fundadora de Academia Mujer Innova.

Cuando una mujer se olvida de que es mucho más que un rol, algo dentro empieza a apagarse. Durante mucho tiempo nos enseñaron a definirnos por un rol: la mamá, la pareja, la profesional, la emprendedora, la hija, la cuidadora, la que sostiene, y sin darnos cuenta, comenzamos a vivir desde una sola versión de nosotras mismas, dejando en pausa otras áreas que también nos conforman, no porque ese rol sea malo, sino porque ningún rol puede contener toda la riqueza de quien somos.

Somos un universo de dimensiones que conviven al mismo tiempo, y cuando solo nutrimos una, las otras dimensiones comienzan a pedir atención en forma de cansancio, frustración, vacío, irritabilidad o desconexión.

El problema no es entregarnos a los demás, el problema es olvidarnos de nosotras en el proceso, de caer en la trampa de vivir en piloto automático. Muchas mujeres viven sosteniendo todo: familia, trabajo, emociones ajenas, responsabilidades, rutinas, pero pocas se preguntan: ¿Cómo estoy yo en realidad?

Nos acostumbramos a funcionar, a cumplir, a responder, pero no a escucharnos profundamente, y aquí aparece una verdad incómoda pero liberadora: no podemos sentirnos plenas si vivimos desconectadas de partes importantes de nuestra propia vida.

Una mujer puede estar “bien” en lo laboral, pero completamente vacía en lo emocional, puede estar presente para su familia, pero ausente para sí misma, puede tener vínculos, pero no intimidad real, puede estar activa, pero desconectada de su cuerpo, puede ser exitosa, pero no sentirse en paz.

Por eso volver a mirarnos como mujeres integrales es recordar que no somos una sola área de nuestra vida, somos la suma viva de muchas dimensiones que se influyen entre sí. Cuando una parte de nosotras se descuida, inevitablemente impacta en las otras.

No somos compartimentos separados: somos un sistema emocional, mental, corporal, relacional y espiritual en constante diálogo interno, y aquí es donde el autoconocimiento deja de ser una moda y se vuelve una práctica de amor propio real. Conocernos no es solo saber qué nos gusta o qué nos molesta, es observarnos con honestidad en cada área de nuestra vida.

En mis programas me encanta trabajar con una herramienta poderosa que nos permite observar todas esas dimensiones que tenemos como seres humanos: “La Rueda de la Vida”,  una hermosa herramienta para volver a nosotras.

Es una de las herramientas más simples y potentes para mirarnos de forma integral, ella nos permite visualizar, de manera clara, cómo estamos hoy en distintas áreas fundamentales: emociones, relaciones interpersonales, familia, hijos, pareja, vida social, sexualidad, finanzas, salud y cuerpo, conocimiento y estudios, trabajo y emprendimiento, espiritualidad.

Al ponerle nota o nivel de satisfacción a cada área, algo se revela, vemos con claridad dónde estamos nutriéndonos y dónde nos estamos abandonando, no para juzgarnos, sino para mirarnos con verdad y compasión.

Muchas mujeres se sorprenden al darse cuenta de que llevan años sin atender su sexualidad, su vida social, su mundo emocional o su espiritualidad, otras descubren que su cuerpo solo es un “vehículo funcional”, no un espacio de conexión, cuidado y placer.

Integrar para volver a sentirnos completas

El que comencemos a trabajar en nuestras distintas áreas no es para que se convierta en una exigencia más, sino más bien para que sea una forma profunda de volver a sentirnos completas.

Cuando una mujer se conoce en sus emociones, elige mejor sus relaciones, cuando cuida su cuerpo, tiene más energía para su trabajo, cuando ordena sus finanzas, disminuye su ansiedad, cuando conecta con su espiritualidad, encuentra sentido, cuando se permite disfrutar su sexualidad, se reconcilia con su placer y su vitalidad y así un abanico de posibilidades que se abren para decidir mejor.

La coherencia interna nace cuando nuestras áreas empiezan a conversar entre sí, lo que sentimos se alinea con lo que pensamos y con lo que hacemos, es volver a nuestra fuerza. Una mujer que se conoce en profundidad es una mujer más difícil de manipular, de apagar, de desvalorizar, porque ya no depende únicamente de un rol para sentirse valiosa. Se reconoce como un ser completo, dinámico, cambiante y en constante evolución.

Una mujer que integra con consciencia todas sus dimensiones se vuelve un acto de poder suave, ya no tiene que gritar para ser escuchada, no compite, no se impone. Simplemente se afirma desde adentro, desde su verdadera autoridad, y cuando una mujer vuelve a sí misma, no solo se fortalece ella: también transforma la forma en que ama, lidera, crea y se vincula con el mundo.

Porque una mujer conectada con todas sus áreas no solo funciona, también vive, siente y elige con conciencia.

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