Empoderadas medio

A cien años de la voz política femenina

Por María Gabriela Huidobro Salazar. Doctora en Historia, decana asociada de la Escuela de Humanidades y Educación, Tecnológico de Monterrey y académica de la Universidad Andrés Bello.

Cuando se recuerda la conquista del voto femenino en Chile, la mirada suele dirigirse hacia las elecciones presidenciales y al año de 1952. Sin embargo, el verdadero inicio de la participación política electoral de las mujeres ocurrió antes y más cerca de la vida cotidiana: hace exactamente 100 años y en sus propias comunas.

En efecto, el 13 de abril de 1926, el Senado aprobó el proyecto que proponía incluir a las mujeres contribuyentes en el registro electoral para las siguientes elecciones municipales. Los archivos reflejan que la propuesta abrió un debate y que la decisión no fue unánime, pero que se trató de una conquista que, aunque parcial, fue profundamente significativa. Por primera vez, las mujeres no solo podían opinar, sino incidir de forma directa en las decisiones que afectaban a su entorno inmediato: la educación de sus hijos, las condiciones sanitarias, los espacios públicos, la vida comunitaria.

No es casual que este primer paso se haya dado en el ámbito local. Las mujeres ya eran protagonistas en sus barrios, en redes de apoyo, en organizaciones sociales y en iniciativas comunitarias. Lo que hizo la ley fue reconocer política y formalmente un rol que en la práctica ya existía. La entrada al voto municipal no creó esa participación, pero sí la legitimó.

El ejercicio electoral a nivel local puede parecer una conquista menor, pero no lo es. Por el contrario, es el espacio donde la democracia se vuelve concreta, donde las decisiones tienen rostro y consecuencias directas. Y es también el lugar donde muchas mujeres encontraron una primera plataforma para proyectar liderazgos públicos. Gracias a ello, en 1935, Alicia Cañas y Aída Nuño fueron elegidas alcaldesas de las comunas de Providencia y San Felipe respectivamente.  Ambas demostraron que la representación femenina no era una aspiración abstracta, sino una realidad en construcción desde sus contextos locales.

A cien años de ese hito, el desafío sigue siendo valorar la política local como un espacio clave para la participación femenina. Porque es allí donde se construyen confianzas, donde se reconocen liderazgos y donde la democracia se fortalece desde abajo hacia arriba. La historia lo demuestra: la voz política de las mujeres en Chile no comenzó en los grandes escenarios nacionales, sino en la cercanía de sus espacios, y es ahí donde sigue siendo indispensable.

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