Fotografía: gentileza de Luisa Stuardo
Escrito por: Luisa Stuardo, directora de la Corporación Martín por la Vida
Basta pararse un día al inicio o la salida de un colegio para entender por qué impulsamos este proyecto de ley. Nos encontramos con autos en doble fila, apoderados apurados y niños que cruzan entre vehículos con la mochila al hombro. Nuestra propuesta es que exista un radio de 500 metros con una velocidad establecida de 30 km/h en establecimientos educacionales y creo que ya no podemos seguir postergándola.
Hoy el límite urbano en Chile es de 50 km/h, solo en las Zonas de Escuela baja a 30km/h, y únicamente en los horarios de entrada y salida de los alumnos, según el artículo 146 de la Ley de Tránsito. Pasada esa hora, el mismo niño que cruza para ir a un taller o a buscar a su hermano queda sin esa protección.
La velocidad pesa más de lo que se imagina. Según cifras de la OMS, un peatón adulto atropellado a 30 km/h tiene cerca de un 10 % de riesgo de morir. Imagine lo que ocurre a 55 km/h: ese riesgo aumenta aún más en el caso de un niño, que es más pequeño y frágil.
Las cifras chilenas nos hablan duramente, en el período del 2025 murieron 47 niños y niñas de entre 0 y 14 años en siniestros viales, según la Sociedad Chilena de Pediatría y CONASET, mientras que otros 2.670 resultaron lesionados, 294 de ellos con lesiones graves, de un total de 3.609 menores involucrados.
Esos datos muestran además que la protección infantil no tiene una sola cara, la mayoría de los niños fallecidos viajaba como pasajero, 25 iban sin silla de retención ni cinturón, y otros 5 usaban una silla mal instalada. Se estima que solo un 35% de los niños usa sistemas de retención infantil en Chile, y más del 90% de quienes los usan cometen errores de instalación o de uso. Cuidar a la infancia exige velocidades que no maten y sillas bien puestas.
Otros países ya dieron este paso. Senegal aprobó en 2022 una ley que exige 30 km/h alrededor de todos sus colegios, Túnez hizo lo mismo en 2023 y México fijó en 2023 límites de 20 a 30 km/h en los entornos escolares. En Chile cada municipio decide por decreto, así que un niño puede estar más o menos protegido según la comuna donde le toque estudiar. Eso no tiene sentido.
Una ley sola no lo resuelve todo. Hacen falta señales visibles, cruces seguros, fiscalización, educación sobre el uso de sillas infantiles y recursos para los municipios. Pero un estándar nacional permite que esas medidas lleguen a todas partes.
Bajar la velocidad es una de las decisiones más simples que podemos tomar para cuidar a la infancia.
