Cada 19 de octubre, el Día Internacional del Cáncer de Mama recuerda la importancia de la detección precoz, la prevención y el acompañamiento en una enfermedad que transforma la vida de miles de mujeres. Más allá de las cifras y los diagnósticos, existen historias que se tejen desde la empatía y la sororidad, abriendo espacio para reconocerse en el testimonio de otras, resignificar lo vivido y avanzar juntas.
Desde esa convicción nace la Fundación Mujeres por un Lazo, creada por María Elisabeth “Mariely” Guesalaga y Claudia Leiva, con el propósito de acompañar integralmente a mujeres que enfrentan patologías oncológicas. En poco más de tres años, la organización ha impulsado espacios educativos e informativos y, mediante convenios con diversas instituciones, ha entregado servicios profesionales que mejoran la calidad de vida de sus participantes.
Durante este tiempo, más de 800 mujeres han formado parte de la fundación, y su alcance se ha extendido a más de 3 mil a través de charlas, jornadas y actividades. En el ámbito de las políticas públicas, uno de sus hitos recientes fue la colaboración directa con autoridades para incorporar al sistema público el Pembrolizumab, tratamiento para el cáncer de mama triple negativo, que beneficiará gratuitamente a cerca de 650 personas.
Desafíos que siguen marcando la experiencia de las mujeres
Con la serenidad de quien ha transformado su propia historia en propósito colectivo, Guesalaga apunta a una de las urgencias actuales: revalidar el rol de las mujeres sobrevivientes. «Creemos que ahí hay que hacer un trabajo súper fuerte. Son personas capaces, que pueden trabajar, desempeñar múltiples tareas. Probablemente, dependiendo de su condición, será desde un lugar un poquito diferente, pero somos igualmente valiosas”, explica.
Además de los desafíos en la reintegración laboral y social, Guesalaga advierte que la cobertura sigue siendo una deuda pendiente. En este contexto, la Ley del Olvido Oncológico representa, a su juicio, un avance relevante, aunque aún insuficiente: De acuerdo a la normativa, tras cinco años desde el término del tratamiento sin recaídas, las empresas no pueden exigir información médica ni aplicar condiciones desfavorables en contratos o servicios. “Es un tremendo avance, sin duda, pero es un montón de tiempo. Y tú, cuando terminas un tratamiento, quedas bastante desfinanciado, porque si bien el cáncer de mama es una patología GES, no todo está cubierto”, complementó la presidenta de Mujeres por un Lazo.
Aunque las barreras económicas y laborales son enormes, también hay un desafío silencioso que acompaña a muchas sobrevivientes: la autoestima y la salud mental, fundamentales para su recuperación, no solo durante el tratamiento, sino después de él.
Carolina Arellano (36) llegó a la entidad en un momento de vulnerabilidad, tras ser excluida de otra corporación de pacientes oncológicos. Desde entonces, ha encontrado un espacio de contención y pertenencia en esta iniciativa.
“En la fundación encuentras ese lugar seguro que todas necesitamos, donde te apoyan, te ayudan, te informan y te enseñan. Es como un hogar para mí. La Clau es la mamá cariñosa del grupo, siempre pendiente y regaloneando, y Mariely es la mamá power, apañadora y llena de energía (…) no le temen a nada y siempre buscan la forma de dar lo mejor por las pacientes con cáncer”, cuenta Carolina.
Esa sensación de “tribu” también la comparte Sandra Bórquez (64), quien relata que, aunque muchas mujeres llegan cargadas de miedo, dolor o tristeza, pronto se encuentran con manos y voces dispuestas a acompañarlas. En ese encuentro —dice— ocurre algo casi mágico: “Florece la mujer que lleva adentro, que por muchas razones estaba escondida. Vuelve a soñar, vuelve a disfrutar todos los hermosos detalles que nos da la vida”, sostiene.
Para ella, lo más valioso de este espacio es el sentido compartido: “Hablamos el mismo idioma y queremos ser escuchadas. Queremos gritar con mucha fuerza a las otras mujeres para que se cuiden, prevengan, no se posterguen y no tengan nuestra experiencia, que es muy dolorosa para la paciente y su familia”, concluye.
Detección precoz y tarea colectiva
En el marco de este mes de concientización, la presidenta de Mujeres por un Lazo enfatiza que el abordaje del cáncer no puede limitarse a una fecha. “Tenemos que entender que el cáncer no sabe de calendarios ni de edad. No es para vivir con miedo, pero le puede pasar a cualquiera, y ahí el acompañamiento es clave. Nos llaman diciendo ‘a mi mamá o a mi señora la diagnosticaron y no sé qué hacer’. Acompañar puede ser tan simple como escuchar, dar un abrazo, pero también brindar ayuda práctica. ¿Tienes quién te lleve? ¿Quién te recibirá al volver a casa? ¿Hay alguien que cuide a los niños?», son algunas de las preguntas que, según Mariely, el entorno puede hacer para marcar la diferencia. Al mismo tiempo, ella también hace un llamado a apoyar al círculo cercano, recordando que quien cuida, también es parte fundamental de este proceso.
Más allá de los testimonios individuales, el mensaje que comparten es claro: enfrentar el cáncer de mama requiere comunidad, empatía y una red de apoyo que sostenga en los momentos más difíciles. Quienes deseen conocer más sobre la labor de la Fundación Mujeres por un Lazo o sumarse a su trabajo pueden visitar su sitio web www.mujeresporunlazo.org, seguirlas en Instagram @mujeresporunlazo o contactarlas al +56 9 4404 0607. La organización ofrece diversas formas de participar y apoyar su labor: hacerse socio, donar, adoptar una causa o integrarse al voluntariado.
Para cerrar, Mariely Guesalaga deja un mensaje dirigido a todas las mujeres: “Yo creo que la invitación es a no olvidarnos de nosotras, a ponernos en valor, a darnos tiempo. Buscar ayuda es de valientes, es de fuertes. Las puertas van a estar siempre abiertas acá, para todas las mujeres que necesiten una mano, porque de verdad somos un lazo que une y que sostiene”, concluye.

