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Martín por la vida: una historia de amor y resiliencia

Martín es más que un nombre, es memoria, la de un joven cuya vida se tejía con elementos esenciales hecha de gestos simples y profundos. Un toque de humor fino, una sonrisa amplia y corazón generoso. Su cotidianidad juvenil se construía entre libros leídos con voracidad, notas que emergían al ritmo de la trompeta, risas compartidas en la mesa familiar y juegos cómplices con su hermano menor.

Martín habitaba este mundo con sensibilidad y coherencia, dejando huellas silenciosas pero perdurables en quienes lo rodeaban. Esta es su historia clara, significativa y de cómo su manera de estar en la vida marcó a su familia y la forma , en que tras su ausencia, su madre Luisa Stuardo, decidió transformar el dolor en una memoria activa: honrar a su hijo y acompañar a otras familias que han atravesado pérdidas similares, desde el amor, la dignidad y la acción.

Sencillez y desapego

La dulzura y respeto por los demás lo caracterizó desde pequeño, así es que vivía con desapego: usaba ropa cómoda, sin preocuparse por marcas, y prefería caminar por la vida con los cordones desabrochados. En su casa había un humor especial que él alimentaba con stand up y bromas internas. No le interesaban el alcohol ni el tabaco; a sus mascotas les daba un beso de despedida cada mañana y una caricia al volver.

Martín también era pescetariano y defensor de los animales. Tenía la costumbre de dormir hasta tarde cuando sus horarios se lo permitían, y en su habitación reinaba un desorden que contrastaba con la claridad de sus ideas. Bajo la cama se escondían calcetines sueltos y su clóset amenazaba con caer sobre quien se atreviera a abrirlo, pero él organizaba su mundo interior a través de la lectura y la música. Cada día se sumergía en un libro hasta terminarlo, fue en octavo básico cuando descubrió la trompeta, un instrumento con el que comenzó a forjar una relación inseparable. En la Casa de la Cultura en Chiguayante, junto a su profesor Ignacio González y sus compañeros de banda, encontró un espacio seguro para crecer y reír.

Su hermano Sebastián nació cuando Martín tenía nueve años. Desde entonces, se convirtió en su guía y protector. Jugaban, se acompañaban y se enseñaban mutuamente. Sebastián muchas veces buscaba sus ojos antes de tomar una decisión y, entre risas, seguía sus consejos incluso por sobre los de sus padres. Cuando otros niños lo agredían, Martín prefería no responder. «Mamá, ellos no me conocen», decía, mostrando una madurez que sorprendía a quienes lo escuchaban.

El día que el mundo se quebró

La vida de Martín cambió abruptamente un noviembre de 2023, cuando una conductora que circulaba a 132 km/h en una zona de 30 lo atropelló. Su madre, Luisa, recibió un golpe que no sólo la dejó sin su hijo sino que quebró su propio mundo.

«Morí y tuve que seguir de pie en un segundo», recuerda. En los días siguientes, el silencio en la casa se volvió ensordecedor y la risa se transformó en ecos de vacíos y recuerdos. Cada amanecer dolía, porque ya no escuchaba el sonido de la trompeta ni veía a Martín escapando con sus libros. Luisa describe ese estado como habitar un cuerpo pequeño para tanto dolor, donde el corazón late en un mundo que ya no existe. La maternidad continuaba, pero su hijo ya no estaba para crecer. Quedaron sus recuerdos, sus palabras, sus ojos negros brillantes diciendo: «Soy muy feliz con ustedes».

Aprender a convivir con el vacío

Su duelo fue -y sigue siendo- un viaje íntimo. Siente que camina por dos tiempos: uno en el que Martín sigue niño, flotando en la memoria, y otro en el que ella debe improvisar cada día, mirando un presente que no quería. Hay momentos de rabia, de preguntas sin respuesta, de envidia hacia quienes ya no están porque podrían reencontrarse con él. Ella reconoce el cansancio del alma: la gente puede ver que sigue de pie, pero no alcanza a entender lo que se remueve dentro.

En medio del dolor, surgieron aprendizajes inesperados. La vida le enseñó a no tener miedo y a mirar de frente a quienes intentan minimizar su pérdida. Comprendió que el sistema judicial, con su lentitud y su indiferencia, puede sentirse como un reloj detenido, reviviendo la herida una y otra vez. Al mismo tiempo, descubrió una red de apoyo en personas que lanzaron salvavidas y se quedaron a su lado.

Del duelo a la acción: un puente llamado Martín por la Vida

Con el tiempo, Luisa decidió que su dolor no podía quedar encerrado en las paredes de su casa. Sumó su formación como psicóloga y perito a la experiencia vivida y creó la Corporación Martín por la Vida. Esta organización nació con la misión de dignificar la memoria de las víctimas de siniestros viales y de acompañar a sus familias a transitar procesos judiciales desgastantes.

El lema de la corporación, “ser buenas personas”, no es casual. Martín lo escribió en un trabajo terapéutico y lo practicaba a diario: cuidaba a los animales, era solidario con sus amigos y soñaba con estudiar Derecho para transformar la sociedad. Hoy su madre honra ese legado ofreciendo apoyo jurídico y emocional a familias que, como la suya, tuvieron que enfrentarse a un sistema que no siempre reconoce el valor de la vida.

La corporación no sólo busca justicia; también promueve campañas de educación y sensibilidad vial para prevenir más tragedias. Además, está formando un equipo clínico que brindará acompañamiento psicológico a quienes han atravesado un duelo similar, con la convicción de que el amor puede convertirse en una fuerza transformadora.

Resignificar el sentido

«Aprendí que hay un punto sin retorno y aun así continúas», confiesa. La ausencia de Martín se ha vuelto parte de su identidad, y su resiliencia radica en encontrar nuevas formas de honrarlo. Cada gesto, cada campaña, cada familia acompañada es una manera de resignificar su historia y de convertir su amor en acción.

En esta narración, el sentido trasciende la pérdida: está en los libros que siguen siendo leídos en su nombre, en la trompeta que resuena en la Casa de la Cultura, en el abrazo a Sebastián y en el puente que une a familias con la justicia. Martín sigue vivo en cada iniciativa que lleva su nombre, y Luisa demuestra que incluso en el dolor más profundo se puede construir esperanza para otros.

Si necesitas apoyo u orientación para ti o un familiar por accidentes viales, puedes comunicarte con la Corporación al siguiente correo electrónico: martinporlavida@gmail.com

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