Empoderadas medio

Más niñas en STEM no es inclusión, es transformación

Por Sofía Ignacia Concha Muñoz, embajadora estudiantil de Technovation Girls

Soy apasionada por la educación de calidad y el impacto social. Mi camino comenzó en el mundo STEM cuando participé en Technovation Girls, donde entendí algo que va más allá de las estadísticas: el verdadero desafío no es incluir niñas en STEM, sino transformar la forma en que concebimos los espacios donde las niñas aprenden.

STEM es el acrónimo de Science, Technology, Engineering and Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), áreas que hoy impulsan la innovación, la inteligencia artificial, la ciencia y gran parte del desarrollo global.

Programas como Technovation Girls buscan disminuir la brecha de género formando a niñas como creadoras, entregando herramientas para que resuelvan problemas reales. Y dicha brecha no surge por casualidad.

Estos campos históricamente fueron desarrollados y liderados mayoritariamente por hombres. No porque las mujeres carecieran de capacidad, sino porque durante siglos no tuvieron acceso a educación formal, financiamiento, reconocimiento, ni espacios de decisión. En consecuencia muchas científicas quedaron invisibilizadas, otras firmaban con seudónimos, o simplemente no llegaron a desarrollar sus conocimientos

Durante años se ha hablado de “incluir a niñas en STEM” como si estuvieran invitándolas a una mesa lista para ellas. Pero la verdadera pregunta es otra: ¿quién diseñó esa mesa, cómo nos llegamos a sentar en ella y para quién fue puesta la mesa?

Desde sus inicios, las áreas STEM fueron construidas mayoritariamente por hombres. Esto no es un juicio, es un hecho estructural. Y cuando un espacio se diseña por solo un grupo de la sociedad, inevitablemente prioriza ciertos problemas, ciertas miradas y ciertas experiencias.

Desde pequeñas, muchas veces involuntariamente, se nos asignan roles de forma silenciosa. A los niños se les celebra la curiosidad técnica; a las niñas, la delicadeza. A ellos se les regalan herramientas; a ellas, juguetes que simulan cocinas y muñecas. La educación temprana, reproduce estereotipos que terminan moldeando aspiraciones.

Las niñas no es que “no puedan”. Muchas veces simplemente no es una opción disponible y clara, por lo que ni se proyectan ahí. Por eso son tan importantes los espacios diseñados específicamente para abrir oportunidades. Mi experiencia en Technovation Girls me ayudó a comprender que no se trata de obligar a que todas las niñas estudien una carrera científica o ingeniería. Se trata de algo más profundo: permitir que exploren sin miedo, sin prejuicios, ayudar a que entiendan cómo funciona el mundo tecnológico que está definiendo nuestro presente y que descubran que también pueden ser creadoras.

No estamos integrando niñas a un sistema neutro. Estamos ampliando la perspectiva desde la cual se construyen las soluciones del futuro. No se trata de agregar más sillas a la mesa. Se trata de cambiar la forma en que la nos acercamos a la mesa

Cada vez que una niña cruza la puerta de la ciencia y la tecnología, no está ocupando un espacio prestado: está reclamando un lugar que le pertenece por derecho propio. Y al hacerlo, redefine los límites de lo posible para las que vienen después.

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