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Petronila Neira: la historia de la costurera que se transformó en santa popular

Fotografía: Empoderadas Medio

Por: Equipo Empoderadas Medio

Concepción, octubre de 1910. Mientras Chile celebraba con fastos oficiales los cien años de su Independencia,  la ciudad penquista se vio sacudido por un horrible homicidio. A orilla de la Laguna Redonda fue encontrado el cuerpo de una joven mujer, quien tras unos días fue identificada como Petronila Neira Bustos. 

Tenía 29 años, era soltera, provenía de Coronel y trabajaba como aparadora de calzado en un conventillo de la calle Las Heras. Más de un siglo después, su tumba en el Cementerio General de Concepción sigue recibiendo flores, velas y placas de agradecimiento. El pueblo la transformó en santa, la historiografía en evidencia y la prensa de la época en un «crimen pasional». 

Precariedad y violencia 

Poco se sabe de los primeros años de Petronila. Las escasas fuentes que la mencionan -principalmente las declaraciones de su hermana Carmen Neira y de su prima Margarita Burboa ante la policía, recogidas por el diario El Sur y la revista Chantecler de la época- la describen como una mujer trabajadora, hija de Bernardo Neira y Pioquinta Bustos. Como muchas mujeres de su clase, migró desde la zona del carbón a Concepción buscando mejores oportunidades, en la ciudad habitaba una pieza donde vivía con lo mínimo: una cama, una mesa y una máquina de coser de pie.

Es el retrato que reconstruyeron el historiador Alejandro Mihovilovich, exdirector del Archivo Histórico de Concepción, junto a Marco Gutiérrez y Mauricio Fuentealba en el libro Petronila Neira: la historia detrás del mito (2012), la investigación más completa sobre el caso. El libro, construido sobre prensa, expedientes y fotografías de época, se propuso separar el mito devocional del crimen real, y situarlo en una ciudad en plena modernización, atravesada por la desigualdad y la llamada “cuestión social”. La precariedad de las costureras y obreras del Chile urbano de entonces ha sido documentada por la historiadora Elizabeth Hutchison en Labores propias de su sexo (LOM)

La vida de Petronila dio un giro cuando conoció a Arturo Retamal Mayorga, un hombre violento, con matrimonios previos, que trabajaba en las faenas del alcantarillado de Concepción, uno de los emblemas del progreso urbano del Centenario. Era una relación que se sostenía desde el maltrato, los golpes y celo marcaban el día a día, en ese contexto, Petronila intentó romper el vínculo; sin embargo, Retamal no aceptó la separación y la siguió hasta la ciudad.

El 15 de octubre de 1910, tras beber con su amigo Pedro Carrillo, Retamal atentaron contra la vida de la mujer, según las investigaciones judiciales de la época, Carrillo fue señalado como autor material: la degolló con una navaja, le quebró varios dientes y le extrajo un colmillo de oro. El cuerpo fue desnudado, introducido en un saco lastrado con piedras y arrojado a la Laguna Redonda.

Femicidio dentro de un contexto de progreso 

El cuerpo emergió el 25 de octubre en la Laguna.  Una lavandera, Mercedes López, divisó unos pies flotando en el agua y se encontró con un cadáver, desfigurado y en avanzado estado de descomposición, permaneció expuesto en la morgue como NN mientras cientos de personas desfilaban para observarlo. Solo después de la inhumación, su prima y su hermana lograron identificarla por la ropa. Sus declaraciones, publicadas por El Sur, siguen siendo la principal fuente sobre quién fue Petronila.

El caso conmocionó a la sociedad penquista, aquí detengámonos en el contexto de la época. Este crimen ocuría en pleno año del Centenario, cuando las élites celebraban el “progreso” y la “civilización” del país. Que una mujer fuera degollada y arrojada a una laguna en medio de los festejos patrios exponía crudamente las grietas de ese relato progresistas.

Retamal y Carrillo fueron detenidos, juzgados, condenados a muerte y fusilados. Los victimarios cayeron en el olvido. Petronila, en cambio, fue adoptada por el pueblo.

Una santa canonizada por el pueblo

La prensa de 1910 encuadró el asesinato en la retórica del “crimen pasional”, esa figura que durante décadas atenuó la responsabilidad de los agresores y culpabilizó a las víctimas. La investigación académica ha desmontado ese marco. En su artículo “Del crimen pasional al femicidio: el caso de Petronila Neira”, publicado en TS Cuadernos de Trabajo Social (2016), el académico de la Universidad del Bío-Bío Eduardo Solís Álvarez analiza el caso como un “femicidio íntimo”: el asesinato cometido por un hombre con quien la víctima tenía o había tenido una relación de pareja. Su lectura dialoga con el marco conceptual que Camila Maturana y Gloria Maira instalaron en Chile con Femicidio en Chile (Corporación La Morada / Naciones Unidas, 2004), texto pionero en nombrar como fenómeno político y estructural lo que la crónica roja trataba como tragedias privadas.

Leído desde esa perspectiva, el asesinato de Petronila reúne los rasgos que hoy la ley y la investigación reconocen en los femicidios: una relación de poder asimétrica, el intento de la mujer por separarse, la persecución del agresor y un contexto social que ofrecía pocas salidas a quienes, como ella, intentaban escapar de la violencia.

Poco después de su muerte comenzó una devoción espontánea: velas en el sitio del crimen y luego en su tumba del Cementerio General de Concepción. Con los años, la animita se llenó de flores, exvotos y placas de agradecimiento por “milagros”. 

Más de cien años después, su historia sigue interpelando en un país que aún registra decenas de femicidios cada año, la figura de Petronila Neira reúne la memoria de las víctimas y la resistencia popular frente al olvido institucional. Su animita nos recuerda que cuando el Estado y la justicia fallan, es a veces el pueblo quien decide quién merece ser recordada. Y quién merece ser santa.

Para seguir leyendo

Mihovilovich, A.; Gutiérrez, M. y Fuentealba, M. (2012). Petronila Neira: la historia detrás del mito. Concepción: Archivo Histórico de Concepción.

Solís Álvarez, E. (2016). “Del crimen pasional al femicidio: el caso de Petronila Neira”. TS Cuadernos de Trabajo Social, N.º 6, Universidad del Bío-Bío.

Maturana, C. y Maira, G. (2004). Femicidio en Chile. Santiago: Corporación La Morada / Naciones Unidas.

Plath, O. (1993). L’Animita. Hagiografía folclórica. Santiago: Editorial Grijalbo.

Fuentes de época: diario El Sur y revista Chantecler, Concepción, octubre-noviembre de 1910.

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