Fotografía: gentileza de Universidad Santo Tomás
Escrito por: Jacqueline Salgado Arriagada, Directora de Formación e Identidad, Santo Tomás Sede Concepción
Hipatia de Alejandría, Juana de Arco, Sor Teresa de Calcuta, Marie Curie, Gabriela Mistral, Eloísa Díaz y, por supuesto, la mujer trabajadora que, con mil preocupaciones en su cabeza, se dispone día a día a sacar adelante a su familia, entre muchas otras, son mujeres que rompen esquemas. Con su coraje y determinación reescriben a diario la historia, una historia algo distinta a la habitual de los formalismos académicos, una historia con más sentido de humanidad y conciencia social.
¿Qué caracteriza a todas ellas? Las mujeres que rompen esquemas desafían estereotipos, muchos de ellos aún normalizados, invisibilizados en la semántica, pero tan presentes en la cotidianidad. Todas ellas se caracterizan por su alto sentido ético, una gran resiliencia y una vocación innovadora que abraza con fuerza todo principio de solidaridad. Son capaces de crear nuevas capas de pensamiento y atesorar la justicia como herramienta de vida para defender la amada igualdad. Comprenden, desde lo más profundo, que no se trata de género, sino de humanidad.
El espíritu de una mujer que rompe esquemas ha sido forjado en el hierro de la adversidad. Todas ellas han vivido en carne propia el peso de la injusticia o la desigualdad; por tanto, han podido desentrañar aquellas estructuras anquilosadas, en absoluta contraposición a su espíritu de libertad, y, aun así, crear soluciones desde las profundidades más hondas de la tempestad.
Ellas han disuelto las cadenas del patriarcado con su independencia, su inteligencia, su valentía, pero, sobre todo, con su dignidad. Han renunciado a los privilegios de protectorados masculinos para darse la oportunidad de autocrearse en una nueva versión de ellas mismas y experimentar el camino de su propia verdad.
Eloísa Díaz, primera mujer médico en nuestro país y en Sudamérica, personaje Sello de Santo Tomás, hizo de su profesión una invaluable misión social y, como todas las mujeres que rompieron esquemas, y también aquellas que los romperán, se enfrentó a fuertes obstáculos de diversa naturaleza que, lejos de mermar su esencia, fortalecieron su magnanimidad. Romper esquemas en pro de un bien común no es solo un acto de reivindicación individual; es, ante todo, una cruzada colectiva que impregna huellas de esperanza en la posteridad.
