Empoderadas medio

Liderazgo femenino en la gestión universitaria, una experiencia construida desde el decanato

Fotografía: gentileza de Fancy Castro

Escrito por: Fancy Castro, Decana de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad del Bío-Bío.

Históricamente los espacios de desarrollo profesional de las mujeres han sido circunscritos a las condicionantes impuestas por el sistema patriarcal, independiente de las capacidades de estas; sin embargo, con el tiempo se ha ido moviendo esa barrera que parecía infranqueable, gracias a mujeres que en el pasado lucharon por ocupar en los espacios de trabajo, en las organizaciones, en la cultura, en la ciencia, en la política, entre otros, el rol que les correspondía y que les ha sido negado, porque el poder ha empleado estereotipos, ideologías negacionistas, relegando el rol de la mujer en la sociedad.

Hoy las mujeres caminan por senderos construidos con dolor y esfuerzo por las generaciones anteriores a la nuestra y, también, gracias a que las nuevas generaciones no se han dejado doblegar, visibilizando las brechas que aún persisten.

Quizás, uno de los escenarios donde es más difícil sortear la equidad de género es en el desarrollo del liderazgo femenino, en cualquiera de sus expresiones. La academia no está exenta de ello; paradójicamente, es en el espacio donde el conocimiento debiera generar mayor apertura; sin embargo, no siempre es así, porque a la base subsiste un sistema que no concibe la igualdad de género en espacios de poder; en cambio, sí acepta con gusto que aportemos desde un segundo o tercer plano. Por ello, todavía sigue siendo novedoso, tanto en el medio nacional e internacional, que una mujer lidere la rectoría de una universidad, por ejemplo.

Afortunadamente, las cifras han ido cambiando: el 25% de las universidades son lideradas por mujeres, lo que equivale a 1 de cada 4 instituciones; es decir, existen 14 rectoras al mando de instituciones de educación superior en el país, sobre un total de 52 universidades. En el Consejo de Rectoras y Rectores (CRUCH), cerca de 10 de las 30 universidades que conforman el CRUCH son dirigidas por mujeres, alcanzando un máximo histórico; sin embargo, la equidad sigue siendo un anhelo. En tanto, el porcentaje de decanas mujeres en las universidades chilenas se sitúa históricamente en torno al 22% o 24%, reflejando una brecha de género que se acentúa a medida que se asciende en la jerarquía académica (el fenómeno conocido como «techo de cristal»). Estudios del Mineduc establecen que, a pesar de que el personal académico total en Chile cuenta con un 45,7% de participación femenina y las matrículas de pregrado están lideradas por mujeres (52,9%), la representación disminuye drásticamente en los puestos de alta dirección.

En relación con mi vida en academia, puedo comentar que el año 2019 se me solicitó por parte de la Rectoría liderar la creación de la Dirección de Géneros y Equidad (DIRGEGEN) de la Universidad, proyecto que se venía elaborando a partir de las demandas efectuadas por el gran movimiento feminista del 2018 de las estudiantes de distintas casas de estudio del país. En ese contexto efectuamos, con el equipo y las y los representantes de las seis facultades, diversas acciones educativas para promover y generar conciencia acerca de la discriminación, la denuncia contra el acoso y violencia de genero. En una de esas actividades invitamos a una gerenta de Codelco como panelista, quien contó su experiencia para haber llegado a un cargo de poder en un contexto muy complejo para las mujeres. Fue allí que hubo algo que dijo que, a mí personalmente, me gatilló “que más allá de promover la igualdad de género deberíamos estar disponibles para tomar espacios de poder”, dado que relegamos esa decisión generalmente porque nuestros tiempos están comprometidos con cuidados a otras personas o en tareas que se asumen por tema de roles.

Precisamente, en esos días, tenía pendiente responder a la solicitud de un grupo de colegas que me proponía que me presentara de candidata a decana de la Facultad de Educación y Humanidades, que por 28 años había tenido el mismo decano. La elección estaba reñida. Se presentaron tres colegas varones y, yo, pasé a la segunda vuelta donde salí electa por un estrecho margen, siendo electa como la primera decana elegida democráticamente.

Mi primer periodo, de cuatro años, fue evaluado positivamente y, una vez concluido, se me solicitó volver a presentarme a la reelección. Esta vez no tuve contendor y, además, la elección fue triestamental: resulté electa con cerca del 80% de los votos.

La gestión de la Facultad, distribuida en tres campus y dos sedes de la Universidad, con cerca de doce carreras y, por la naturaleza del cargo, a responsable además de la conducción de un campus universitario, ha sido un desafío permanente. Implica ocuparse de la gestión académica, la convivencia de la comunidad, las condiciones de la infraestructura y el bienestar de las personas, entre otros ámbitos. A pesar de las dificultades, ha sido también un camino de gran aprendizaje: he comprendido que las mujeres, al igual que los hombres, podemos liderar con solvencia y seguridad, y que es necesario reinventarse cada día para cumplir los propósitos que me llevaron a asumir la dirección de mi facultad.

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