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Desaprender el sexismo en la educación para prevenir la violencia infantil

El pasado 19 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la Prevención de la Violencia contra niñas, niños y adolescentes (NNA), una fecha para reflexionar sobre esta grave vulneración de derechos. La violencia no puede ser ignorada; Debemos actuar para combatirla. Pero, ¿qué acciones pueden tomarse? Actuar desde distintas esferas es vital, y el contexto educativo es fundamental para la transformación socio cultural. Es en las escuelas donde los NNA aprenden conductas y donde también pueden desaprender la violencia. Un sistema educativo debe promover prácticas y creencias no sexistas, cuestionando estereotipos y fortalecer relaciones basadas en respeto y resolución pacífica de conflictos.

Las cifras de violencia contra la niñez y adolescencia en Chile son alarmantes. La última Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI) revela que el 62,5% de las niñas y niños entre 5 y 12 años ha sido víctima de algún método violento de disciplina por parte de sus cuidadores. Por otro lado, un estudio de la Fundación Amparo y Justicia informa que en 2023 se registraron más de 40 mil denuncias por delitos sexuales contra NNA. Además, la Segunda Encuesta Nacional de Polivictimización (2023), realizada por la Subsecretaría de Prevención del Delito, muestra un aumento preocupante en los niveles de maltrato por parte de cuidadores y pares, así como en las victimizaciones sexuales, en comparación con el año 2017.

Biobío no es ajeno a esta realidad. Según la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia (OPD) de la región, en 2024 se han documentado más de 2,500 casos de violencia contra NNA, un dato que refleja la urgencia de implementar medidas integrales de protección y prevención.

Frente a este panorama desolador, surge la pregunta: ¿tienen hombres y mujeres la misma probabilidad de ser víctimas de violencia? La respuesta es no. Los datos muestran, de manera consistente, una notable brecha de género en perjuicio de las niñas y mujeres. De las denuncias por delitos sexuales en 2023, el 84,3% correspondió a víctimas de sexo femenino. En términos de polivictimización, las adolescentes mujeres presentan mayores niveles de victimización que los hombres en todos los tipos de violencia evaluada, salvo en los delitos comunes que incluyen

¿Cómo se puede entender la raíz de la violencia y cuál es el papel de la escuela en su promoción y prevención? La violencia es un fenómeno complejo con múltiples causas, y uno de los factores principales es la permanencia de creencias y prácticas basadas en estereotipos que asignan roles específicos y condicionan la identidad y expresiones del ser y vivir el ser, niños y niñas. Estas construcciones sociales impactan la forma en que los estudiantes aprenden a relacionarse, y muchas veces dejan a las niñas en una situación más vulnerable en el contexto social, en el día a día. La escuela, en colaboración con las familias y la comunidad, tiene la responsabilidad y el poder de ser un agente de cambio hacia una sociedad más justa e inclusiva.

La escuela juega un papel fundamental en la prevención de la violencia y la promoción de la igualdad de género. Debe ser un lugar donde todos, sin importar si somos niñas o niños, podamos aprender y crecer en igualdad. Esto significa que los profesores deben estar capacitados para enseñar de forma justa y sin favoritismos, y que los libros y actividades reflejan que todos, sin importar nuestro género, tenemos las mismas capacidades y derechos. Además, la escuela debe ser un espacio seguro donde se fomente el respeto mutuo y el cuidado entre todos.

Desaprender el sexismo en el entorno educativo es clave para reducir la violencia y proteger a niñas y adolescentes. La violencia, al ser una conducta aprendida, también puede desaprenderse con educación. Sin embargo, este desafío exige un esfuerzo conjunto y apoyo integral a las comunidades educativas, que les permita visibilizar y transformar esta problemática. Programas como “A Convivir se Aprende” en la región del Ñuble son ejemplos de cómo dotar a las escuelas de herramientas para erradicar la violencia y garantizar los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Por Ana María Espinoza C. Dra. en Psicología y profesora investigadora del Laboratorio de Convivencia Escolar, Facultad de Psicología, UDD.

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