Por Constanza Alvarez, abogada Portafolio Legal.
Ser madre de un niño o niña menor de dos años en Chile es, en muchos casos, una carrera de obstáculos. A pesar de los avances legislativos y del discurso oficial que promueve la conciliación entre trabajo y maternidad, la realidad cotidiana está lejos de garantizar condiciones dignas para quienes crían en los primeros mil días de vida: un periodo clave para el desarrollo infantil, y también para la salud física y mental de las mujeres.
La ley reconoce ciertos derechos: fuero maternal, permiso postnatal parental, salas cuna y licencias médicas infantiles. Pero en la práctica, el sistema está lleno de vacíos, letra chica y omisiones. ¿Qué pasa con las madres independientes o emprendedoras, por ejemplo? ¿Con las trabajadoras informales, las cesantes o las que, sencillamente, deben elegir entre cuidar o subsistir?
El derecho a la maternidad debe ser más que un privilegio de quienes cuentan con empleos formales y contratos indefinidos. Hoy, muchas madres enfrentan la disyuntiva entre cuidar a un hijo enfermo o mantener su trabajo. Otras, deben volver a sus jornadas laborales antes de lo recomendable porque el sistema no les ofrece alternativas reales para seguir criando sin quedar fuera del circuito económico. Y ni hablar de la presión social que todavía asocia el rendimiento profesional con la disponibilidad absoluta, invisibilizando la enorme carga del trabajo reproductivo.
Las mujeres trabajadoras que tengan hijos menores de dos años tienen derecho a contar con una hora (como mínimo y regulada en la ley) dentro de la jornada laboral para alimentarlos (sea amamantar u otra forma de alimentación). Para todos los efectos, ese tiempo se considera como trabajado. Sin embargo, dicho sigue viéndose truncado por entornos laborales poco empáticos o por la falta de apoyo en espacios públicos. ¿Cuántas mujeres deben extraerse leche en baños o esconderse en oficinas improvisadas porque no hay una sala de lactancia disponible? ¿Qué sucede con el trabajo no realizado dentro de esa hora de alimentación? A menos que se trate de trabajos con turnos o con horario de atención al público, en los hechos esa hora “perdida” la están supliendo las madres en su hogar, generalmente al final del día.
Hablar de derechos maternales es hablar también de salud mental. La crianza de un niño menor de dos años implica noches sin dormir, altos niveles de estrés, sobrecarga física y emocional, y muchas veces, aislamiento. Sin redes, sin acompañamiento, sin políticas públicas que cuiden a quienes cuidan, es muy fácil caer en cuadros de depresión postparto o en agotamiento crónico.
Algo se ha avanzado en los últimos años. La ley 21645 conocida como la Ley de Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral, establece el derecho al trabajo a distancia (teletrabajo) para trabajadores con responsabilidades de cuidado y otros beneficios. Sin embargo, en los hechos la carga le corresponde – en el caso que comentamos-, a la madre trabajadora dependiente de presentar un escrito con su propuesta al empleador. Muchas mujeres desconocen este derecho o directamente no se atreven a ejercerlo porque que ya se sienten como una molestia dentro de su entorno laboral.
Por eso, necesitamos políticas que reconozcan el cuidado como un derecho y como un trabajo. Que amplíen las licencias, flexibilicen los modelos laborales con perspectiva de género, y que consideren el bienestar integral de madres, padres e infancias como un pilar para el desarrollo del país. Además, debemos plantearnos como sociedad qué estamos haciendo para facilitar la maternidad. No podemos exigir que aumente la tasa de natalidad en nuestro país si en los hechos se está entorpeciendo la conciliación entre el trabajo y la maternidad, debiendo muchas veces optarse por una.
Los derechos maternales no son un favor: son una responsabilidad del Estado y un indicador de cuánto valoramos, como sociedad, la vida que empieza y a quienes la sostienen. Reconocer y garantizar esos derechos —con perspectiva de clase, género y cuidado— no es solo un acto de justicia. Es también una inversión en el futuro.
*Las publicaciones en esta sección son responsabilidad de sus autores/as, quienes no tienen vínculo laboral con Empoderadas, y no reflejan necesariamente nuestra postura como medio de comunicación.
