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¿Qué hacer en una sociedad donde el «deber ser» se convierte en lo fundamental y el verdadero sentir toma el papel de ideología?

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Por Macarena Silva Catalán, coach y mentora en empoderamiento femenino.

Vivimos en una sociedad donde las expectativas externas parecen tener más peso que el propio ser interior. El «deber ser» se ha convertido en una norma que muchas personas intentan cumplir sin cuestionarlo, mientras que el verdadero sentir, el alma de lo que somos, a menudo queda relegado a un segundo plano, distorsionado por ideologías que no permiten la autenticidad. En este contexto, la pregunta es: ¿Qué hacer cuando la sociedad dicta cómo debemos ser y qué debemos sentir?

El peso del «deber ser» en la sociedad moderna

Desde pequeños, a muchos se nos enseña que la vida debe seguir ciertas pautas para ser exitosa. El camino establecido para alcanzar la felicidad, el éxito y la aceptación social incluye cumplir con expectativas de cómo debemos vernos, actuar, relacionarnos y ser percibidos por los demás.

Este «deber ser» se convierte en una carga pesada, ya que está basado en normas sociales, culturales y hasta familiares que no siempre coinciden con lo que sentimos verdaderamente en nuestro interior. Sin embargo, la presión por cumplir con estas expectativas puede llevar a las personas a dejar de lado sus propias emociones, deseos y sueños, adaptándose a una máscara que nunca fue pensada para ellos.

En muchos casos, el «deber ser» termina controlando las decisiones y el curso de vida de las personas, creando una desconexión interna, donde lo que se vive en el exterior no tiene nada que ver con lo que se experimenta en lo más profundo del ser. Esta desconexión puede generar un vacío, que muchas veces se busca llenar con logros materiales, relaciones externas o una imagen construida de éxito.

Por otro lado, la sociedad actual también ha comenzado a transformar lo que debería ser una experiencia genuina, personal y auténtica en una ideología colectiva. A menudo, lo que sentimos y lo que pensamos se ve absorbido por la corriente de ideas y creencias populares que, en lugar de enriquecer nuestra experiencia personal, la sobrecargan con expectativas impuestas por las masas.

El sentir personal, aquel que emerge desde lo más profundo de nuestro ser, es frecuentemente reemplazado por ideologías que dictan cómo debemos interpretar nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestras creencias. La ideología social de cómo debemos sentir o vivir la vida, a veces ni siquiera se reconoce como tal, pero está presente en cada conversación, cada medio de comunicación y cada interacción cotidiana.

Cuando nos dejamos llevar por estas ideologías colectivas, corremos el riesgo de perder nuestra autenticidad, de dejarnos moldear por lo que se espera de nosotros en lugar de lo que realmente deseamos ser. Es aquí cuando la verdadera conexión con nuestro ser se diluye, ya que lo que sentimos ya no es nuestro, sino una réplica de lo que se nos ha dicho que debemos sentir.

En un mundo que constantemente nos empuja a adaptarnos a sus normas, lo más revolucionario que podemos hacer es detenernos y cuestionar esas expectativas impuestas. ¿Qué pasaría si nos atreviéramos a mirar dentro de nosotros mismos y a preguntarnos qué queremos realmente?

La clave para liberarnos del «deber ser» y de la ideología que secuestra nuestros sentimientos es empezar por redescubrir quiénes somos en nuestra esencia más pura. Esto implica un proceso de autoconocimiento profundo, en el que exploramos nuestras emociones, nuestros deseos y nuestras necesidades sin las presiones de lo que se espera de nosotros.

Este proceso de reconexión con lo que realmente sentimos es liberador. Al comenzar a escuchar nuestras emociones, a cuestionar las creencias ajenas y a actuar en congruencia con lo que somos, dejamos atrás el «deber ser» y encontramos la paz en ser simplemente nosotros mismos.

La autenticidad es una de las mayores rebeliones que podemos hacer en una sociedad llena de reglas no cuestionadas. No se trata de rechazar completamente las normas, sino de ser conscientes de cuándo estamos actuando desde el exterior y cuándo estamos respondiendo desde nuestro interior.

Ser auténticos es un acto de valentía en un mundo que constantemente nos invita a moldearnos de acuerdo a un patrón predeterminado. Sin embargo, la verdadera paz y satisfacción vienen cuando decidimos ser fieles a nuestro sentir, cuando dejamos de hacer lo que se espera de nosotros para hacer lo que realmente deseamos y necesitamos.

En una sociedad donde el «deber ser» y la ideología colectiva dictan la forma de vivir, ser auténticos es un acto radical de amor propio y de respeto hacia uno mismo. Es el primer paso hacia una vida más plena, consciente y verdadera. Y lo mejor de todo: cuando cada uno de nosotros se atreve a ser quien realmente es, contribuimos a crear una sociedad más libre y genuina.

La vida no debe ser vivida en función de lo que otros esperan de nosotros. Si logramos soltar el «deber ser» y deshacernos de las ideologías que condicionan lo que sentimos, podemos empezar a vivir una vida más auténtica, alineada con lo que realmente somos. El verdadero desafío no es adaptarse a lo que se espera de nosotros, sino ser valientes para conectar con nuestro sentir más profundo y vivir de acuerdo a eso. Solo así podemos vivir de manera plena y ser verdaderamente libres.

*Las publicaciones en esta sección son responsabilidad de sus autores/as, quienes no tienen vínculo laboral con Empoderadas, y no reflejan necesariamente nuestra postura como medio de comunicación.

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